Durante el sitio de Tifaruin, en agosto de 1923, los capitanes españoles Joaquín Boy Fontelles y Jaime Baeza Buceta protagonizaron una de las operaciones de abastecimiento aéreo más arriesgadas de la Guerra del Rif.
Tifaruin al borde del colapso
Tifaruin era una posición española avanzada situada en territorio de Beni Said, en la zona oriental del Protectorado. A mediados de agosto de 1923 las fuerzas de Abd el-Krim concentraron un contingente de 8.000-9.000 combatientes rifeños alrededor de la posición.
Hacia el 17 de agosto Tifaruin estaba prácticamente incomunicada y cercada.
Calor extremo, falta de agua, imposibilidad de hacer llegar convoyes y un enemigo situado muy cerca de las defensas. El intento terrestre de socorro del 18 de agosto produjo numerosas bajas sin lograr resolver la situación.
La aviación se convirtió entonces en uno de los pocos medios capaces de mantener viva la posición.
La situación desesperada de la guarnición española
La posición disponía de una pequeña sección o media batería de dos piezas de montaña Schneider de 70 mm, mandada por el teniente de Artillería Poncio Coll Suñer. Pero empezaban a faltar estopines, es decir, los dispositivos de iniciación necesarios para efectuar el disparo de las piezas. Pronto no podrían disparar.
Durante la noche del 19 al 20, Tifaruin comunicó que disponía de víveres, agua y munición para aproximadamente tres días, pero solicitaba con urgencia 200 estopines. Inicialmente solo pudieron reunirse 100 en Nador y Boy se ofreció voluntario para llevarlos.
La misión del 20 de agosto
En la mañana del lunes 20 de agosto de 1923, aproximadamente a las 09:05, despegó del aeródromo de Nador una pequeña formación.
El aparato principal era un De Havilland DH-9A, número 86. Lo pilotaba el capitán de Ingenieros y piloto militar Joaquín Boy Fontelles. En el puesto de observador iba el capitán de Estado Mayor Jaime Baeza Buceta. Los acompañaban cuatro Bristol F.2B, que debían protegerlos, atacar las posiciones rifeñas y arrojar otros suministros, entre ellos barras de hielo.
Hacia las 09:35 alcanzaron Tifaruin.
La posición era pequeña, el enemigo se encontraba muy próximo a sus alambradas y un lanzamiento desde una altura convencional tenía muchas probabilidades de caer fuera, directamente en manos rifeñas. La solución elegida por Boy fue volar a una altura increíblemente baja.
Un DH-9A volando casi a ras del suelo
Boy hizo primero una pasada rasante, aproximadamente a 10-11 metros del suelo, para calcular deriva, viento y posición del enemigo.
Baeza lanzó entonces un primer paquete con 50 estopines dentro de la posición. El DH-9 volvió a ganar altura mientras recibía fuego de fusilería y ametralladoras.
Boy decidió repetir la maniobra.
La segunda pasada fue todavía más baja
En la segunda entrada redujo la velocidad para facilitar el lanzamiento de Baeza y descendió todavía más.
A cinco metros de altura, hasta el punto de que las ruedas habrían pasado rozando elementos elevados de las tiendas de la posición. Baeza consiguió arrojar la segunda carga de estopines, junto con un paquete lastrado que contenía un mensaje destinado al Alférez Ramón Topete.
«Topete, eres un flamenco…»
y le pedía que señalasen con lienzos blancos los puntos desde los que recibían más fuego.
Mientras Boy iba efectuando varias vueltas sobre Tifaruin, Baeza utilizaba la ametralladora contra las posiciones rifeñas, además de efectuar los lanzamientos.
El derribo
Después de efectuar el segundo lanzamiento, Boy intentó salir de aquella ratonera.
El DH-9 estaba sometido a un fuego extraordinariamente intenso de fusiles y ametralladoras procedente de las alturas que dominaban Tifaruin.
Boy comenzó a ganar altura.
Fue entonces cuando una descarga alcanzó al aparato. Sin control efectivo, el DH-9 cayó en una ladera muy próxima a Tifaruin. Al impactar se incendió y explotaron parte de las municiones que todavía llevaba. Los Capitanes Boy y Baeza murieron en el acto.
Pero los estopines habían llegado
Los estopines quedaron dentro de Tifaruin. La batería de Coll Suñer pudo seguir utilizando sus piezas.
Sin aquellos 100 estopines, la media batería Schneider habría quedado sin capacidad de fuego en un momento crítico del cerco.
